La lasaña de pollo es el almuerzo casero tradicional por excelencia en mi hogar los domingos, pero el gran desafío técnico es evitar que la carne de ave quede seca o que la estructura se desmorone por completo al servirla. En mi cocina siempre aplico el mismo truco profesional: en lugar de usar pechuga picada cruda, utilizo contramuslos de pollo asados desmechados y ligo el relleno con un par de cucharadas de la propia bechamel antes del montaje.
Esto no solo aporta una jugosidad extrema que la pechuga jamás consigue, sino que compacta el relleno para que obtengas porciones limpias, estables y dignas de un restaurante. Además, es la receta de aprovechamiento perfecta si tienes sobras de pollo del día anterior.
Información Técnica
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Tiempo de preparación: 25 minutos
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Tiempo de cocción: 35 minutos
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Porciones: 6 personas
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Dificultad: Media
Ingredientes Exactos
Para el relleno de pollo:
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500 g de carne de contramuslo de pollo (asada o cocida, desmechada y sin piel)
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1 cebolla blanca grande, picada fina (brunoise)
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2 dientes de ajo, picados finamente
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1 pimiento verde italiano, picado en dados pequeños
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400 g de tomate triturado al natural (en conserva)
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50 ml de vino blanco seco
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2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
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Sal, pimienta negra recién molida y una pizca de orégano seco
Para la salsa bechamel:
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50 g de mantequilla sin sal
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50 g de harina de trigo común
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600 ml de leche entera (preferiblemente tibia)
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Sal, pimienta blanca y una pizca de nuez moscada
Para el montaje:
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12 placas de pasta para lasaña (precocidas o tradicionales)
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150 g de queso mozzarella rallado (para fundir)
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50 g de queso Parmigiano Reggiano rallado al momento (para gratinar)
Paso a Paso Detallado
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Preparar las placas de pasta: Si utilizas placas precocidas, hidrátalas en una bandeja con agua caliente el tiempo que indique el fabricante. Si usas pasta tradicional, cuécela en agua hirviendo con sal. Escúrrelas con cuidado y extiéndelas una a una sobre un paño de cocina limpio y seco para retirar el exceso de humedad y evitar que se peguen.
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Cocinar el sofrito base: Calienta el aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio. Añade la cebolla, el ajo y el pimiento verde con una pizca de sal. Cocina durante unos 7 u 8 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que las verduras estén blandas, translúcidas y empiecen a tomar un tono dorado muy suave.
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Integrar el pollo y reducir el vino: Añade el pollo desmechado a la sartén y remueve un minuto para que absorba los jugos del sofrito. Sube el fuego, vierte el vino blanco y deja que burbujee con fuerza durante 60 segundos; notarás que el olor fuerte a alcohol desaparece por completo.
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Concentrar el relleno de tomate: Incorpora el tomate triturado, el orégano y un toque de pimienta negra. Baja a fuego lento y cocina tapado durante 15 minutos. Al terminar, deberías ver una salsa espesa y concentrada, donde el tomate se ha integrado con la carne y ya no queda líquido suelto flotando en el fondo.
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Elaborar la bechamel sin grumos: En un cazo a fuego medio, derrite la mantequilla. Añade la harina de golpe y remueve continuamente con unas varillas durante 2 minutos enteros. Verás que la mezcla hace espuma y adquiere un aroma a galleta tostada (esto es vital para cocinar la harina y eliminar su sabor crudo). Incorpora la leche tibia poco a poco en un hilo continuo sin parar de batir. Cocina a fuego bajo durante 5 minutos hasta obtener una crema lisa, densa y sedosa que tape el dorso de una cuchara. Condimenta con sal, pimienta blanca y nuez moscada.
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Montaje y horneado: Mezcla dos cucharadas de la bechamel directamente en la sartén del pollo para amalgamar el relleno. En una fuente de horno, extiende una fina capa de bechamel en la base. Coloca una capa de pasta, añade una parte del relleno de pollo y cubre con un hilo de bechamel. Repite el proceso hasta formar tres capas de relleno, terminando con una última capa de pasta. Cubre toda la superficie con el resto de la bechamel y espolvorea de forma homogénea la mozzarella y el Parmigiano Reggiano.
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Gratinado final: Introduce la fuente en el horno precalentado a 200°C (con calor arriba y abajo) y hornea durante 20 minutos hasta que la salsa de los bordes burbujee de forma alegre. Activa el grill a máxima potencia durante los últimos 5 minutos, vigilando de cerca hasta que el queso de la superficie se transforme en una costra dorada y crujiente de color avellana. Retira del horno y deja reposar 10 minutos obligatorios antes de cortar; este reposo asentará los jugos y garantizará un corte limpio.
Notas del Chef y Consejos de Conservación
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Conservación en la nevera: Si te sobra lasaña, guárdala en un recipiente hermético una vez esté completamente fría. Se mantiene en perfectas condiciones en la nevera hasta por 3 días. Para recalentarla, utiliza el horno tapando la fuente con papel de aluminio a 160°C; esto evitará que la pasta se reseque o el queso se queme de más.
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Congelación profesional: Esta lasaña congela de maravilla. El mejor método es armarla por completo en moldes de aluminio desechables justo antes del paso de horneado. Envuélvela firmemente en papel film y luego en aluminio (dura hasta 3 meses). Para consumirla, puedes hornearla directamente congelada a 180°C durante unos 50 minutos, retirando el film protector pero dejando el aluminio la primera media hora de cocción.
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Sustitutos idóneos: Si no dispones de queso Parmigiano Reggiano, puedes utilizar un buen queso Manchego curado o un Grana Padano rallado. Aportarán esa costra crujiente e intensa que contrasta con la suavidad del pollo y la bechamel.